Valle de Bravo tiene una presa, un bosque cercano y la costumbre de ser el destino de fin de semana de media Ciudad de México. Casi todo lo que se construye ahí presume la vista. Pocas casas parten de una idea clara sobre cómo habitarla. Estas diez entraron a la selección porque cada una tiene una razón que se puede nombrar: un material, una estructura, una relación con el paisaje. Las ordenamos por afinidad: primero el lago, después el ladrillo y la madera de Avándaro, luego la piedra y el vidrio, y al final las casas oscuras y el concreto.
Muros de cristal frente al lago
Es una estructura que desaparece para cederle el protagonismo al lago de Valle de Bravo, a través de muros de cristal de doble altura. Los techos de madera y los muros de piedra la anclan al paisaje de La Peña, con una materialidad que no pretende otra cosa.
Tiene 4 recámaras y 750 m² construidos en un terreno de 550 m².
Taller ADG en Rancho Avándaro
Aquí Taller ADG aplica rigor: vigas estructurales expuestas, madera sin disfraz y una cocina integrada con isla de concreto. No hay elemento decorativo que sobre. Se lee como refugio de arquitecto, en Rancho Avándaro, a diez minutos del lago.
Tiene 4 recámaras y 366 m² construidos en 848 m² de terreno.
Ladrillo y madera recuperada en Avándaro
Una casa que celebra los materiales honestos: ladrillo, madera recuperada y acero en proporciones medidas. El diseño busca equilibrio entre la rusticidad del entorno y una sofisticación moderna que se siente auténtica y vivida.
Tiene 5 recámaras y 480 m² construidos en un terreno de 580 m².
Ladrillo visto y chimenea de leña
El bosque de Avándaro adoptó esta casa como propia. Ladrillo visto, vigas de madera y chimenea de leña, rodeados de pinos centenarios y de 2,160 m² de terreno con topografía. No hay pose: la mesa de tronco y los leños apilados cuentan más que cualquier acabado.
Tiene 3 recámaras y 435 m² construidos.
Ladrillo y madera en Cerro Gordo
Una cabaña que entiende su entorno. En Cerro Gordo, el ladrillo y la madera enmarcan el bosque de Valle de Bravo, y las vigas a la vista y la chimenea central dan un refugio de escala humana y de lujo discreto.
Tiene 4 recámaras y 380 m² construidos en 2,000 m² de terreno.
Una escalera flotante de madera en Avándaro
En Avándaro, pocas casas juntan la vista al bosque con la honestidad de los materiales. Esta lo logra con madera bruta, pizarra y piedra. La escalera flotante de madera con barandal de vidrio es una pieza de arquitectura, no de catálogo.
Tiene 5 recámaras y 608 m² construidos en un terreno de 1,680 m².
Sillar y madera en Monte Alto
El sillar y la madera hacen que la casa se mimetice con el entorno de Valle de Bravo. Las vigas de acero aparentes y los grandes claros de vidrio eliminan la frontera entre el interior y el bosque que la rodea.
Tiene 5 recámaras y 540 m² construidos en 888 m² de terreno.
Volumetría negro mate en Valle de Bravo
Una volumetría contemporánea en negro mate que se funde con el follaje sin estridencias. Su patio central con jardín pétreo y la alberca baja integran la topografía montañosa como fondo de la vida diaria.
Tiene 4 recámaras y 342 m² construidos en un terreno de 734 m².
Caja negra en el bosque de Avándaro
Otra casa negra, de lógica distinta: acero, madera estructural y vidrio de piso a techo que disuelven el límite entre la casa y el pinar. Tiene cocina de autor y comedor exterior sobre el verde, dentro del club de golf de Rancho Avándaro.
Tiene 4 recámaras y 848 m² construidos en 1,298 m² de terreno.
Concreto expuesto frente al monte
Aquí la arquitectura y el paisaje funcionan como una sola cosa. El concreto expuesto, la vegetación xérica y las vistas al monte de Valle de Bravo construyen una experiencia que va más allá de la casa.
Tiene 4 recámaras y 500 m² construidos en un terreno de 1,850 m².
Ver la selección completa
Estas diez son parte de Casas con Razón, donde cada casa llega con el motivo por el que está ahí. Si alguna te interesa, guárdala en la app y compara con calma.



