Hay un punto exacto en la Carretera Nacional —más o menos cuando el retrovisor deja de mostrar los cerros de Monterrey y empieza a mostrar huerta— en el que el aire cambia. Baja un grado, se pone verde, y huele a azahar si es la temporada. Ese punto es la entrada al valle. La mayoría lo cruza a 110 sin voltear. Este cuaderno es para los que sí voltean.
Por qué escribimos esto
Vendemos tierra en este valle, no lo vamos a esconder. Pero nadie compra un pedazo de un lugar que no entiende, y este valle no se entiende desde una ficha técnica de precio por metro. Se entiende manejando despacio, bajándose del coche, comiendo algo con las manos. Así que en vez de otro folleto, vamos a hacer lo que haríamos con un amigo que viene por primera vez: contarle el lugar. Esta es la primera de una serie. Habrá más — el río, las neverías, la gente que se quedó.
La hora de la naranja
Montemorelos es tierra de cítricos desde hace un siglo. En temporada (de noviembre a marzo, más o menos) los puestos de la orilla de la Nacional se llenan de naranja, mandarina y toronja recién cortada, y el truco local no es comprarla en caja: es pedir una naranjada exprimida ahí mismo, en el puesto, sin azúcar de más. Fría, con el valle de fondo, es la mejor bienvenida que da la zona.
Fuera de temporada el valle no se apaga, solo cambia de plato. Es país de cabrito y de carne asada de fin de semana; los caminos hacia Allende y Rayones están sembrados de fondas donde se come mejor que en muchos lugares con mantel. La regla es simple: donde haya camionetas estacionadas a la hora de la comida, ahí es.
Un día, sin prisa
Un plan honesto de sábado, sin agenda apretada:
- Media mañana: salir de Monterrey por la Nacional. La hora de manejo se pasa rápido si uno la toma como parte del paseo y no como trámite.
- Mediodía: parar en un puesto de cítricos, naranjada obligatoria, y seguir hacia el centro de Montemorelos a caminar la plaza.
- Comida: cabrito o carne asada de camino a Allende. Sin reservación, con hambre.
- Tarde: el agua. El valle es agua —arroyos, presas, el rumor del río— y una tarde junto al agua explica, en diez minutos, por qué alguien querría despertar aquí los fines de semana.
Dónde termina el camino
Ese último punto —la tarde junto al agua— es, sin coincidencia, el terreno que conocemos mejor. Cantera Real tiene un lago natural, muelle y 28 hectáreas de valle a quince minutos del centro de Montemorelos; se puede ir a conocer aunque no se venga a comprar. Dentro está Casa Cuarcita, que además se puede rentar por noche — la manera más fácil de probar el valle sin decidir nada: llegar un viernes, hacer este recorrido el sábado, y ver cómo se siente amanecer aquí el domingo.
No hay que comprar nada para que el valle valga el viaje. Pero mucha gente que vino solo a pasar el día terminó preguntando por un lote. Ese es el único folleto que sabemos hacer: el lugar mismo.
*Próxima entrega del Cuaderno del Valle: el río Pilón, y por qué media ciudad de Monterrey aprendió a nadar aquí.*


